A principios del siglo XVII, el padre Vincent, sacerdote católico de una pequeña ciudad de Francia, preguntó a sus feligreses por una familia a la que no había visto en las últimas semanas. Se enteró de que vivían a varios kilómetros de distancia, que todos habían caído enfermos y que estaban demasiado débiles para hacer la larga caminata hasta el pueblo para conseguir comida o asistir a misa. Esta familia dio forma al ministerio del padre Vicente: empezó a ir a pie a su granja cada día para llevarles comida y compañía. Siguió atendiendo a otras personas necesitadas que no podían defenderse por sí mismas.  

La historia de San Vicente de Paúl

Más tarde, en 1833, un joven de París llamado Frederic Ozanam se inspiró para continuar esa tradición fundando una organización, basada en dos ideas importantes. La primera era una reflexión del padre Vicente sobre la exhortación a los voluntarios a ayudar. A menudo ocurría que tanta gente donaba alimentos que se estropeaban antes de ser consumidos. "Los pobres sufren menos por falta de generosidad que por falta de organización", reflexionaba.

La segunda inspiración para Ozanam fue un reto de uno de sus compañeros de universidad, que exigió a Federico que le mostrara qué valor tenía la Iglesia católica en el mundo moderno. En respuesta a ese reto, Federico y sus contemporáneos empezaron a buscar y visitar radicalmente a los pobres, llegando a conocerlos como personas y ofreciéndoles ayuda desde un lugar de amistad. 

La tradición continúa hoy en día. "Ninguna forma de caridad es ajena a la Sociedad". Los voluntarios de la SVdP se organizan en "conferencias" que sirven a sus vecinos necesitados que viven cerca, para movilizar mejor los recursos locales. Estamos formados para honrar la dignidad y la confidencialidad de nuestros amigos, y para ayudarles a escapar de las cargas de la pobreza para vivir mejor.